Los obstáculos contra la paternidad

sábado, 7 de junio de 2008
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Existe un consenso creciente en nuestra sociedad respecto a que se requiere que los varones ejerzamos un rol mucho más activo y equitativo en la crianza de nuestras hijas e hijos. No basta con "aparecer en la casa", "estar visibles", nuestros niños y niñas requieren que estemos lo más presentes posibles en sus vidas. Prácticamente nadie se opone a ello, en principio. Pero llevar esto a la realidad implica enfrentar hechos que no siempre tomamos en cuenta...

Tal vez el factor más significativo que dificulta esta paternidad participativa y equitativa lo constituye las creencias sociales acerca qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. Nuestra cultura, debido a sus raíces profundamente patriarcales, nos enseña -equivocadamente- que los varones y las mujeres somos "esencialmente" diferentes, que existe un "alma masculina" y un "alma femenina". A primera vista esto puede no ser visto como tan problemático. El punto es que, cuando comenzamos a ver en qué consisten esta masculinidad y femineidad "profundas", nos encontramos con los típicos estereotipos: ser varón implica racionalidad, ser "independientes", del mundo del trabajo y de la calle, etc., mientras que las mujeres serían más "dependientes", enlazadas al mundo del hogar y el cuidado de los/as otros/as...

Si como varón creo que el trabajo es un espacio masculino, mientras que el hogar es femenino, obviamente sentiré que dedicar más tiempo a "la pega" que las mujeres es lo que me corresponde, y que cuando llegue a casa simplemente "ayude" con las tareas domésticas y el cuidado de los/as niños/as... al final, el vínculo tan poco estrecho con mis hijos/as no es por algo "natural", sino porque yo mismo lo he provocado a lo largo del tiempo. Algunos le llaman a esto profecía autocumplida.

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Pero el problema no se limita a discursos abstractos. También juegan un rol importante lo que los/as científicos/as y profesionales dicen acerca de la paternidad "normal" o "adecuada". Y, lamento decirlo, los/as psicólogos/as hemos ejercido una tremenda (y negativa) participación en este sentido. Basta mencionar que, cuando se estudia el vínculo fundamental que los niños y niñas establecen con sus padres (el apego), la Psicología -junto con la Medicina y otras ciencias- sólo ha investigado el vínculo con las madres... invisibilizando el vínculo que se establece con el padre. Resultado: en las investigaciones "curiosamente" los padres ocupan un lugar secundario en la formación de la personalidad de los/as niños/as.

Así es como veremos que, cuando los/as psicólogos/as (y pediatras, profesores/as, trabajadores/as sociales, etc.) escriben, investigan e intervienen en el ámbito familiar, se preocupan más de que una madre cumpla bien su rol, que lo haga asimismo el padre...

Un tercer factor dice relación con las políticas públicas, lo que el Estado hace y promueve. Por ejemplo, en el sector salud lo reproductivo se entiende aún como materno-infantil... ¿y qué pasa con lo paterno-infantil? ¿No es importante? Hoy, para que un padre asista al parto, depende de la buena voluntad del equipo médico... y ya existe suficiente investigación para mostrar lo importante que resulta que el padre esté presente en toda la gestación y parto para afianzar el vínculo con su hijo/a. Esta realidad ha ido cambiando en nuestro país, pero requiere avanzar mucho más.

En el área previsional, fijémonos también en un reciente avance, el postnatal masculino... es menor que el de la madre, cuando debiera tener la misma extensión e importancia. Porque un/a niño/a requiere a ambos padres por igual.

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Las leyes también tienen un sentido similar. Enfatizan castigar a los padres que no cumplen con el pago de las pensiones (lo cual es indispensable), pero, a la hora de otorgar el régimen de visitas, muchas (¡demasiadas!) veces se otorga sólo un par de días al mes para que el niño o niña pueda estar en contacto con su padre... y un vínculo fuerte padre-hijo/a requiere tiempo, compartir cosas cotidianas, conversar, jugar...

También el mercado del trabajo tiene un rol importante. Cuando un niño o niña se enferma, se permite que la madre, "naturalmente", sea quien tenga que ausentarse: si un padre trata de hacer lo mismo, enfrentará serias dificultades. Asimismo, se le asignan al varón las jornadas más extensas, se le envía a otras localidades, etc., en otras palabras, se le presiona a estar más ausente. Ello perjudica no sólo el vínculo con el padre, sino que genera sobrecarga de trabajo en la madres. Cuando se discute acerca de "conciliación familia-trabajo", se plantean fórmulas para que las madres puedan hacerse cargo mejor de sus obligaciones con los hijos e hijas sin entorpecer su desempeño laboral, pero los padres son grandes ausentes de esta discusión.

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Y por último -aunque me quedan varios factores en el tintero- no podemos olvidar lo que los varones mismos hacen y creen. Recuerdo el caso de un varón que, en un grupo, comentaba muy orgulloso que se "sacaba la cresta" trabajando 12 horas diarias (y a veces más) para que a sus hijos no les faltara nada. A mí me dio pena (y a varios presentes también). Me dio pena porque sus hijos, cuando tuvieran alguna pena o alegría, no tendrían a su padre para contársela, para confiársela. Y él no se daba cuenta de ello.

Celebraba el estar lejos, contaba casi con alegría como maltrataba su cuerpo (y su mente) por conseguir más dinero, sin problematizar que el TV cable, los videojuegos comprados, etc., jamás conseguirían que sus hijos lo vieran como alguien cercano. Nuestras imágenes acerca de la paternidad, formadas en este sistema que aleja a los padres de sus hijos/as, nos están jugando claramente en contra. Rechazamos la casa, lo doméstico, porque lo vemos como un espacio femenino, siendo que no es de hombres ni de mujeres, sino simplemente humano.

Podría seguir, mencionar muchos factores más que dificultan una paternidad involucrada, gozosa. Pero creo que con esto basta por ahora. Hay mucho que transformar, por nuestros hijos e hijas y por la sociedad entera, en este día del Padre.