Violencia cruzada: ¿mito o realidad?

jueves, 4 de octubre de 2012
Años atrás, estaba dictando una clase sobre violencia intrafamiliar a unos alumnos de Psicología de la Universidad Arcis y pasé revista a los micromachismos, esto es, las estrategias de violencia masculina sutil, descritas por Luis Bonino Mendez, destacado autor profeminista. Cuando estaba describiendo acciones tales como control del dinero, tomar decisiones importantes para la familia sin consultar, "ganar por cansancio" y otras, una alumna levanta la mano y comenta: "Pero profesor, esas cosas también las hacemos las mujeres".

Varias de sus compañeras asintieron y quedé, debo decirlo, sorprendido. Tenia razón. Articulé una respuesta en el sentido de que ello así ocurría, pero que la violencia masculina era mayor, y continué describiendo el resto del tema. Me quedó rondando el tema por un tiempo, y tuve oportunidad de discutirlo en un taller que el equipo del Domestic Abuse Intervention Project (más conocido como "el modelo de Duluth") realizó en Chile, para formar a profesionales en el modelo de intervención con varones que renuncian a la violencia. En dicha oportunidad discutimos la posibilidad de que mujeres ejercieran violencia de pareja, a lo que planteé que sí era posible y describí varias estrategias que mujeres pueden llevar a cabo. Recuerdo particularmente la reacción negativa de varias compañeras presentes, de un conocido grupo feminista, que negaron dicha posibilidad y la intensa discusión posterior, en particular la famosa "violencia cruzada".

¿Es efectivo que mujeres ejerzan violencia contra sus parejas, "igual que los hombres"? ¿O estamos frente a formas de defensa frente a la violencia patriarcal? ¿Habrán, además, otras alternativas?
Las cifras oficiales de violencia intrafamiliar en Chile muestran que un número menor, pero creciente, de denuncias son hechas por varones. En la comuna en que trabajo, por ejemplo, la proporción de denuncias masculinas frente a femeninas (en el rango entre 18 y 60 años) es de 1 a 8,o sea por cada 8 mujeres que denuncian VIF, hay un hombre que también lo hace. Otro tema es el sexo de la persona sindicada como victimaria, pero existen indicios de la posibilidad de varones como víctimas.

Michael Johnson, sociólogo, profesor emérito de la Universidad del Estado de Pennsilvania, lleva ya varios años trabajando en el tema de los tipos de violencia de pareja. En diversos trabajos, tales como Differentiation among types of intimate partner violence: research update and implication for intervention, Johnson describe cuatro tipos de violencia, los cuales considero interesantes de revisar.

Tenemos, en primer lugar, la violencia de control coercitivo, también llamada "terrorismo íntimo". Es la que más se ajusta a la violencia descrita por el movimiento feminista, que puede derivar en el ya famoso femicidio. Es abrumadoramente más ejercida por varones y consiste en las tácticas descritas en la Rueda del poder y control de Duluth: intimidación, abuso emocional, aislamiento, negación y minimización de la violencia, transferencia de la culpa, utilización de los hijos e hijas, uso del privilegios masculinos, abuso económico, coerción y amenazas. No necesariamente implica altos niveles de violencia física.

Asimismo, existe la resistencia violenta. Su objetivo es enfrentar la violencia de control coercitivo. Cuando uno atiende a víctimas de violencia de pareja y se discuten las agresiones existentes, escuchamos típicamente la frase "es que yo también soy violenta", dicha por una mujer que se cree responsable (en realidad, culpable) en la misma intensidad que quien la ha golpeado, insultado, humillado sexualmente, etc. Cuando discutimos quién empieza con los golpes y la intensidad de las agresiones, aparece rápidamente que ella está intentando parar la violencia sufrida y no propinar un castigo o intento de control abusivo sobre su pareja. Este tipo de violencia puede ser fácilmente catalogada como "violencia cruzada" en un tribunal, si es que no se realizan los peritajes adecuados, y tomarse medidas que envían mensajes equivocados a los implicados (tales como órdenes de alejamiento para ambos miembros de la pareja).

Un tercer tipo es la violencia situacional de pareja. Aquí, más que un intento de controlar abusivamente a la pareja (como en el caso de la violencia de control coercitivo), uno o los dos involucrados posee habilidades deficientes de manejo de conflictos y control de la ira. Suele implicar agresiones de menor intensidad y la(s) víctima(s) no presentan el nivel de miedo intenso que podemos encontrar en los casos anteriores. Los varones victimarios no presentan creencias patriarcales (tan) marcadas como en la violencia de control coercitivo y su patrón de ocurrencia es intermitente. Diversos estudios internacionales muestran que existe cierta paridad entre varones y mujeres en su ejecución. Asimismo, puede escalar a otras formas más graves de violencia.

Finalmente, se encuentra la violencia instigada por la separación. En ella puede observase que, antes de la ruptura, no existían antecedentes de agresiones entre los miembros de la pareja y suele gatillarse después de separaciones traumáticas, descubrimiento de infidelidades, etc. Los estudios muestran que si se toman medidas legales rápidas y pertinentes, puede ser detenida con facilidad. Este tipo de agresiones pueden incluir, por ejemplo, las alegaciones falsas de violencia de pareja, maltrato infantil y abuso sexual, como es el caso del Síndrome de Alienación Parental.

El aporte de Johnson nos muestra que la violencia en el contexto de pareja constituye un fenómeno complejo, que requiere realizar distinciones básicas, pero importantísimas, a la hora de definir quién es el "victimario", la "víctima", el contexto en el cual las agresiones ocurren, etc. Cuando hablamos de "violencia cruzada" podemos cometer diversos errores, que no sólo tienen significativas consecuencias jurídicas, sino también en la subjetividad de quienes se encuentran involucrados, tal como es el caso de las víctimas que, por defenderse, son tildadas de "agresoras" sin más.

Finalmente, quiero cerrar este artículo enfatizando la necesidad de perfeccionar los instrumentos teóricos y metodológicos que utilizamos quienes trabajamos diariamente en temáticas de género y violencia. Suponer que sólo un sexo puede ejercer violencia, o que "violencia cruzada" significa "violencia de ambos por partes iguales" implica, en el marco de la Psicología jurídica, que se obstaculizará el logro de la justicia y reparación a quienes lo merecen.