Presentación ante IV Coloquio de varones y masculinidades de Uruguay

martes, 24 de mayo de 2011
Facultad de ciencias sociales, Universidad de la República.

Ya ha finalizado el Coloquio internacional de estudios de varones y masculinidades en Montevideo, con resultados más que satisfactorios. Existió la posibilidad de conocer mejor lo que los/as demás colegas están trabajando en otros países, destacando cómo lo importante es comenzar a visibilizar la manera en que los varones deben incluirse en el trabajo por la equidad de género. En este sentido, una compañera feminista hizo interesantes aportes, durante una de las sesiones de la mañana, acerca de qué esperar (y qué no) del movimiento feminista, al cual se le interpela muchas veces desde el profeminismo, pero sin concentrarse adecuadamente en la labor que los propios varones deben realizar, crearse sus propios espacios.

Entre los aspectos que me parece más a destacar, es la importancia que se dio a describir en profundidad las estrategias de incorporación de los varones en el trabajo de prevención de violencia de género, en particular cómo incluirlo en las políticas públicas. El trabajo con el aparato estatal nuevamente resultó un punto fundamental en las discusiones.

Asimismo, desarrollar in extenso la problematización de los derechos sexuales y reproductivos de los varones, en toda su diversidad. Recordamos cómo Juan Guillermo Figueroa ha planteado este tema desde hace cierto tiempo, y en la mesa particular que existió sobre este tema discutimos incluir en la reflexión las disidencias sexuales. Personalmente abogué por el cuestionamiento al modelo patriarcal de familia que implica que los padres separados reclamen cuando se les impide ver a sus hijos e hijas después de terminar el vínculo con las madres. Asimismo, disentí públicamente de un colega, al señalar que la existencia de leyes que castigan el Síndrome de alienación parental, así como las de tuición compartida, son avances en este sentido.


La "armada chilena" que desembarcó en Uruguay fuimos 5 colegas: Pancho Aguayo, Klaudio Duarte, Rodrigo Aravena, José Olavarría y quien escribe. Pocos, en comparación a las delegaciones de Brasil o Uruguay, pero tuvimos la satisfacción de colocar temas importantes en la mesa: estudios empíricos acerca de conducta masculina (Pancho), paternidades que rompen el molde patriarcal (Klaudio), estrategias comunitarias de crear nuevas narrativas y prácticas masculinas (Rodrigo) y evaluaciones de cómo el sistema judicial "lee" a las mujeres imputadas en casos de VIF (José). Personalmente, realicé una presentación ante en la Mesa de trabajo sobre violencia de género I, cuyo archivo dejo a continuación para su descarga (en formato PDF):



Pronto tendré noticias acerca de la formación profesional en intervención con varones. Estén atentos/as.
  

Saludos desde Uruguay

viernes, 20 de mayo de 2011


Tengo el gusto de contar que este miércoles llegué a Montevideo al IV Coloquio Internacional de Estudios sobre varones y masculinidades "Politicas publicas y acciones transformadoras", organizado por Mujer y salud en Uruguay y EspacioSalud; está patrocinado por ONU Uruguay, UNFPA, ONU Mujeres y otras instituciones.

En esta oportunidad tendré la posibilidad de dictar una ponencia titulada "Prevenir al violencia de genero en (¿con?) varones: un análisis critico de la política publica chilena desde lo local", en la cual discuto cómo es que el estado chileno, tanto desde el gobierno central como sus ejecutores municipales, construye el modo en que debe prevenirse la violencia de genero y la posición en que los varones quedan, una posición compleja, en donde lo central es la inscripción de los varones fundamentalmente (¿exclusivamente?) como potenciales agresores, lo que puede terminar complotando contra un trabajo eficaz en este sentido.


Al llegar salí a conocer algo de la bohemia montevideana...justo el día en que celebraban su bicentenario en las afueras de la ciudad, por lo que el local al cual entré (Shannon Irish Pub) estaba vacío. La cerveza, en todo caso, estaba deliciosa y el local es bastante simpático, parece que es un clásico en la ciudad.


Ya terminó el segundo día y, además de empaparme de las visiones de lo que se hace y lo que viene, he podido reencontrarme con otras y otros colegas con los cuales compartimos el sueño de involucrar a los varones en la lucha por la equidad de genero: Benno de Keijzer de Salud y género, Marcio Segundo de Promundo, Juan Guillermo Figeroa del Colegio de México, y tantos otros. Las actividades se están desarrollando en la Intendencia de Montevideo y la Facultad de Ciencias sociales de la Universidad de la República (a la derecha). Lamentablemente hay bastantes mesas simultáneas, por lo que uno se pierde ciertos trabajos interesantes de otras/os colegas.
   

La experiencia de la victimización (I). El relato de sufrimiento como una narración pública

lunes, 16 de mayo de 2011
Fuente: www.caras.cl 

La persona que ha sufrido un acto de agresión experimentará, tal como bien lo sabemos, un trauma, un daño a su integridad emocional, a su visión no solo del mundo, sino también de sí mismo.

Como decía Barudy, el primer paso en el proceso de reparación del maltrato es reconocerse como víctima. No hay avance si es que no es posible mirarse a sí mismo como un ser que ha sido menospreciado, humillado, alterado en su normal devenir, porque una parte de sí misma fue alterada, destruida o, al menos, limitada.

En una primera instancia, la víctima requerirá observarse como tal. Tal vez esto parezca simple, pero lo cierto es que muchas personas no se dan cuenta de que han sido objeto de una agresión a pesar de que experimenten un claro malestar.

Un ejemplo lo podemos observar -esta situación me encanta usarla durante capacitaciones- cuando una mujer va a contratar un plan a una isapre. Por el solo hecho de no ser hombre, deberá pagar una prima claramente superior. Obviamente, a ninguna mujer le gusta tener que pagar más que los varones, pero eso no significa que sienta que está siendo objeto de violencia económica. Muchas no lo experimentan de este modo, pero cuando durante las sesiones de capacitación discutimos acerca de patriarcado y violencia institucionalizada, muchas (por no decir todas) terminan estando de acuerdo en que han sido víctimas de una violencia que está generada y transmitida ya no por individuos, sino sistemas completos.

Pero la experiencia privada no basta, no existe total consciencia en tanto este insight no es compartido y reconocido por otros.

Los teóricos postcognitivos (Shotter, Potter, etc.) señalan que el acto del habla "interna"es un acto siempre frente a un otro. Cuando pensamos y hablamos, hablamos para alguien, un alguien que puede ser uno mismo, la pareja, un ser superior, etc. A este "alguien", un Otro, tratamos de mostrarle lo que sentimos, convencerlo de lo que nos ocurre (o preguntarle, pedirle que nos saque de dudas, etc.). En este sentido, toda forma de  habla (incluso la "interna", "privada") es siempre social: es un relato hecho frente a un otro, es siempre dialogal, intersubjetiva.

Siguiendo la línea de la Psicología discursiva, autores han enfatizado que, ante cualquier posición acerca de un tema -en este caso, haber sido víctima de violencia-, existe siempre otra(s) posicion(es) posible(s), contradictorias: para este caso, no ser víctima de violencia, ser incluso el culpable, el victimario. Existe diversidad de posiciones discursivas, las cuales chocan entre sí. El relato desde una posición puede ser desacreditada o socavada desde otra posición. En este sentido, toda forma de habla implica una justificación, una argumentación, no una mera descripción neutra de los hechos.

Hago todo esta introducción teórica para hablar del caso Karadima y el relato de James Hamilton (y, por extensión, los demás denunciantes). La denuncia de este hombre, hay que decirlo primeramente, implica una tremenda valentía. Para los varones, ser víctima de abusos sexuales implica una tremenda lesión a su dignidad, lesión que, debido a los mandatos hegemónicos de masculinidad (heterosexualidad compulsiva, ser siempre activos en las relaciones sexuales, etc.), genera consecuencias más graves que en muchas mujeres (en las cuales, obviamente, es el impacto ya es intensísimo). Reconocerse víctima y decirlo por un canal de televisión en horario prime implica un acto de coraje ante el que no queda más que inclinar la cabeza.

(Nota para los y las lectoras extranjeras: En Chile, el caso Karadima hace referencia a los abusos sexuales que un connotado obispo católico chileno, Fernando Karadima -discípulo del sacerdote chileno más famoso de la historia, Alberto Hurtado-, habría ejercido contra diversos feligreses varones. Todos los involucrados pertenecen a la élite económica del país).

El caso es que, volviendo a la perspectiva retórica, la posición discursiva "soy víctima" enfrenta la de "él no es víctima", posiciones que pugnan ante una audiencia, a la cual tratan de convencer. Y aquí nos enontramos con la situación del cardenal Medina, cuyas declaraciones aparecen más arriba.

Este señor, haciendo gala de la sutileza e inteligencia que le caracterizan, ha formulado diversas declaraciones acerca de los abusos que Karadima realizó contra los jóvenes (y adultos) que lo circundaban. Entre otras cosas, ha atribuido explícitamente la agresión al demonio. Pero ha ido más allá. En la frase que aparece en el pantallazo que encabeza este post, trasluce la idea de que las víctimas de Karadima "sabían lo que hacían", o sea, era un acto consentido y, por lo mismo, no era violencia.

El tema no es tanto si un hombre (o mujer) de 17 años "sabe lo que hace", la "verdad" de dicha afirmación, sino para qué lo dice. El sentido de la afirmación es socavar la credibilidad de la víctima, legitimar los actos de Karadima. De este modo, operan en este "choque de opiniones" al menos dos fuerzas sociales contrapuestas: las que luchan por mostrar y visibilizar la violencia sexual ejercida por el sacerdote, y las que pretenden señalar que los hechos no corresponden a situaciones de abuso, esto es, estos actos (y los de otros sacerdotes en similar situación) son legítimos o, al menos, no son delito.

Obviamente, las declaraciones de Medina no ocurren en el aire. Existe en el país (y buena parte del mundo) una significativa discusión acerca de los casos de abusos sexuales de sacerdotes católicos contra sus fieles. Y el impacto de este caso, de un personaje conocido dentro de la elite chilena, implica que la culpabilidad de Karadima socava aún más la credibilidad del clero chileno. Es un caso no sólo personal, sino político. Es, tal vez, la mejor muestra que el relato de la victimización no es de una persona, sino un relato contruido socialmente, negociado, aprobado o rechazado por otros. El resultado de este fenómeno intersubjetivo tiene consecuencias que traspasan el círculo de Hamilton, o Karadima, o Medina. Porque toda forma de violencia (la que importa a los medios de comunicación, y la que no) nos termina afectando a todos.

Todo relato acerca de la victimización es un acto político, en tanto intenciona una cierta forma de sociedad. En el caso de Hamilton, implica visibilizar ciertas formas de relacionarse al interior de una institución, que tienen impacto no sólo en los niños, sino también adultos. Por eso es relevante. Y por ello nos detenemos a analizarla en este blog.

Invito, nuevamente, a revisar la entrevista que James Hamilton dio al programa Tolerancia Cero. Es muy interesante, incluso para quienes no son chilenos, porque el coraje que se requiere para esto, se observa pocas veces:





      

Fono para informar/se sobre violencia contra la mujer

lunes, 28 de marzo de 2011


Además de mencionar la aparición de la campaña "Maricón, el que maltrata a una mujer", el objetivo de este post es resaltar que el Sernam ha lanzado un número de teléfono para informar y prestar ayuda sobre violencia contra la mujer, disponible las 24 horas del día.

¡A informarse e informar a otros/as!
 

El machismo (im)perceptible

viernes, 18 de marzo de 2011
Cuando hablamos de violencia contra las mujeres, es muy fácil mencionar los golpes, gritos y empujones, en el contexto de la pareja. Pero éstas son sólo las formas más típicas o, mejor dicho, a las que nos tienen acostumbrados a concebir como violencia... la socialización patriarcal de género también resulta una forma de violencia (tema al cual aludía Judith Butler, al menos desde otra perspectiva, cuando hablaba de la performatividad), al inculcar un modelo patriarcal de ser varón o mujer.

Ello implica no sólo mostrar "lo bueno" (i.e. machista), sino también castigar cualquier forma en que la persona intenta alejarse de los modelos hegemónicos de masculinidad o femineidad (es cosa de acordarse de lo que ocurre cuando un varón quiere involucrarse activamente en lo doméstico: los motes de "mandoneado", "macabeo", etc. le llegan rápido, por parte no sólo de varones).



Visibilizar esta pedagogía patriarcal fue mi objetivo, al participar en el programa "Entre amigas y amigos" de radio Primero de mayo, de la población La Victoria, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, como representante del Centro de la Mujer P.A.C. Lamentablemente, tuvimos problemas para grabar toda la sesión, por lo que pude rescatar una parte (con una perspectiva que no es la mejor, hay que decirlo), la que dejo a continuación:





Les invitamos a comentar: ¿Es para tanto? ¿Qué otras formas de socialización machista que ocurran en la vida cotidiana es importante visualizar, y que a los/as demás les pase desapercibido?
  

Textos para descargar

sábado, 5 de marzo de 2011

El tiempo pasa, y me he dado cuenta de que desde que empecé a trabajar los temas de género, harta agua ha pasado bajo el puente... con lo que he ido acumulando escritos y ponencias, algunos de los cuales han sido publicados en libros, y otros quedaron en las mentes de los/as asistentes a los congresos en los cuales he dictado ponencias, pero no más allá. A ello se suman otros textos que elaboré en su momento, pero que no publiqué finalmente.

Es por ello que he querido reunir y publicar mi producción (a pesar de que parte se ha perdido en el camino), para compartirla con quien desee revisarla y usarla. Se solicita, solamente, citar la fuente.

El más antiguo de los documentos elaborados es una ponencia que realicé en 1999, cuando seguía la línea mitopoética (en la onda de Robert Bly). Como podrán ver, me alejé bastante de dicha línea de pensamiento con los años, pero igual le tengo cariño.

Los documentos corresponden a presentaciones (de Power point) y artículos (de Word), en formato PDF:

Aprontándonos para el 8 de Marzo

http://infoactualidad-alex.blogspot.com

Se acerca el Día Internacional de la Mujer. A diferencia de otras personas, para mí no significa "el cumpleaños de las mujeres", sino el día en que se conmemora la lucha de las mujeres por defender sus derechos. Bueno, no soy el único que piensa esto. Lo importante es recordar que un movimiento social ha hecho posible que la subordinación femenina se visibilice, al menos un día al año.

Lo cierto es que se conmemora el día de la Mujer Trabajadora, a partir del fatídico 8 de marzo de 1908, en el cual 129 mujeres fueron asesinadas por defender derechos laborales. Las discriminación económica, una de las tantas formas de violencia de género.

Me gusta pensar que no sólo mujeres trabajan por la equidad de género en nuestro país, habemos hombres que también solidarizamos con dicha lucha y colocamos nuestro grano de arena, desde la especificidad que el posicionamiento que poseemos nos permite, desde las experiencias de un Otro -ya no el Uno, como diría Simone de Beauvoir- que también lucha por liberarse del patriarcado.

En su libro "Hombres: placer, poder y cambio", Michael Kaufman (a la derecha) reflexiona acerca de las formas de violencia masculina. Ahí describe cómo la violencia contra las mujeres está ineludiblemente unida con la violencia contra otros hombres (como la homofobia, por ejemplo) y contra sí mismos. Me gustó mucho descubrir este texto (allá por 1996, según recuerdo, facilitado por mi amigo de aquel entonces dr. Bernardo Castro, profesor de la escuela de Sociología de la U. de Concepción), porque mostraba el germen de un tema no menor: la violencia patriarcal nos termina dañando tremendamente a los varones.

Ben Mudge, en su texto Sexism & Stoicism. Theorizing profeminist strategies, nos muestra la tarea de mostrar a los varones la importancia de colaborar por la equidad no es fácil. Simplemente decir "luchar contra la violencia hacia las mujeres es malo" no basta, no remueve tantas consciencias como quisiéramos, es necesario mostrar cómo los propios varones terminan siendo afectados por este tema.

Algo en este sentido tratamos de intencionar en el Centro de la Mujer P.A.C., de Sernam, el pasado 27 de Noviembre, en donde, en el marco del Día Internacional por el fin de la violencia contra la mujer, realizamos una actividad enmarcada en la Campaña del Lazo Blanco, consiguiendo que varones de la comuna (dirigentes sociales, religiosos, municipales, profesionales y vecinos) se comprometieran públicamente a trabajar en sus respectivos ámbitos para que la violencia contra las mujeres terminara. En este sentido, durante las conversaciones que me tocó sostener para conseguir los apoyos, así como la realización misma de la actividad frente a las vecinas y vecinos reunidos, la idea fuerza que traté de socializar fue que los varones podemos ser un ejemplo de cuidado hacia los otros. Debo reconocer que me inspiré en uno de los mensajes de la Campaña del Lazo Blanco de Canadá de hace algunos años: "My strenght is not for hurting" (i.e. "Mi fuerza no es para herir"). Tenemos que tomar conceptos que, si bien se basan en el patriarcado, pueden ser resignificados para respaldar la intervención social por la equidad de género.