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Capacitación en violencia en contexto de pareja

jueves, 8 de noviembre de 2012
En el contexto de las capacitaciones que me corresponde realizar en representación del Centro de la Mujer Pedro Aguirre Cerda, actualmente estoy dictando un curso sobre pesquisa, derivación e intervención con mujeres víctimas de violencia en el contexto de pareja a l@s profesionales del Centro de Protección Infanto Juvenil CEPIJ San Miguel de la Corporación Opción. Hemos tratado temas como el orden patriarcal de género, formas y patrones de violencia, consecuencias de la violencia, detección de víctimas, perfiles de víctimas y victimarios, así como evaluación del riesgo.

Por ejemplo, en este último punto, analicé cómo los antiguos marcos jurídicos, que se basaban en la peligrosidad criminal como método para determinar la posibilidad de que un imputado atentara nuevamente contra una pareja, actualmente se encuentran totalmente superados (tal como  lo plantean, entre tantos otros, Pueyo e Illescas) y se trabaja actualmente con métodos de juicio clínico estructurado para evaluación de riesgo de violencia, como por ejemplo el Spouse Assault Risk Assessment.

El diálogo con l@s colegas (psicólogas), trabajadoras sociales y el abogado ha sido bastante fructífero y entretenido. Personalmente, me gusta mucho hacer capacitación, por lo que constituye una actividad bastante gratificante. Y, en este caso, hemos podido realizar varios paralelos entre la violencia de pareja y el maltrato infantil, problemática que es la tratada en esta institución.

A continuación dejo las presentaciones correspondientes a las dos primeras sesiones:





Las presentaciones están pensadas para su descarga y libre compartir, citando la fuente.



Reflexiones sobre prevención de violencia de género con jóvenes

viernes, 11 de noviembre de 2011

Quienes nos dedicamos a realizar intervención social para promover relaciones de género equitativas entre varones y mujeres, nos encontramos con que ejecutar proyectos y programas con jóvenes de ambos sexos resulta un tópico recurrente en nuestra labor. Es por ello que he querido plasmar mis inquietudes y reflexiones acerca de las dificultades y retos que ello nos genera.

En primer lugar, es importante destacar que material en castellano para trabajar con jóvenes varones es aún escaso, pero que aumenta cada día. Hace cierto tiempo había muy poco, casi nada (recuerdo cuando, a fines de los 90, el único principal encontrable en Internet eran programas estadounidenses y europeos, tales como lo que aparecía en Europrofem, todos en inglés), pero la labor de iniciativas de diversas ONGs e iniciativas públicas españolas, latinoamericanas y chilenas ha transformado este escenario. Mucho de este material está orientado a ser ejecutado en el ámbito escolar, lo cual posee diversas consecuencias.

La primera de ella (y tal vez la más importante) es que bastante material (parece que) está planificado para ser usado por profesores/as. Ello implica una lógica (socio)educativa, lo cual frecuentemente conlleva invisibilizar las dinámicas políticas y económicas que subyacen a la violencia de género.

Por otro lado, los y las docentes son agentes legitimados dentro de los establecimientos educacionales, lo cual es muy bueno para ellos y ellas, pero para quienes solemos partir desde fuera, tenemos un gran obstáculo. Hoy en Chile mucha de la intervención comunitaria con niños, niñas y adolescentes se suele realizar por profesionales (psicólogos/as, trabajadoras/es sociales, etc.) contratados/as por ONGs y agencias públicas que acuden a la escuela por un período de tiempo limitado, muchas veces actuando con posterioridad a que otro equipo profesional ya ha pasado por el mismo establecimiento, “prometiendo el oro y el moro”, pero consiguiendo limitados resultados, con el consecuente cansancio por parte de los niños, niñas y docentes. Es esta desazón que uno debe enfrentar, antes de siquiera pensar en (por dar un ejemplo) visibilizar los estereotipos de género en las relaciones de pareja.

Por otro lado, bastante material está aún pensado para ser usado con mujeres y varones por separado. Si bien puede resultar muy entendible desde una perspectiva “de la diferencia” (en el entendido de que las mujeres requieren procesos de concientización diferentes de las de los varones, en tanto deben construir espacios propios de reflexión, lejanos a la violencia normalizadora), ello resulta muchas veces impracticable, en tanto la coeducación es la norma en nuestros países, y segregar a varones y mujeres durante la realización de diversas actividades resulta casi imposible. Debemos, por lo tanto, construir dispositivos de intervención adecuados a la realidad más frecuente, en vez de la que consideramos que sea la mejor. Ello no significa, sin embargo, que durante las actividades no resulte necesario construir grupos sólo de varones y mujeres, pero usarlo como norma puede resultar cuestionable.

Otro reto clave que podemos notar es que, al encontrarse varones y mujeres presentes en el mismo espacio, resulta claramente difícil llevar a cabo actividades que desnaturalicen la violencia de género sin que los varones se sientan atacados y establezcan defensas “en bloque”. Más allá de lo justo que resulte mostrar que los varones son típicamente los agresores de sus compañeras mujeres, ello no resulta tan conveniente en términos estratégicos –al menos, no del modo exactamente en que se suele presentar en ciertos materiales. Aumentar las resistencias tradicionales que poseen los varones hacia reconocer que poseen mayores privilegios por sobre las mujeres (y toda la conveniencia que eso conlleva) no sirve para el objetivo final: que tanto hombres como mujeres se movilicen por cambiar esta realidad injusta.

Tal vez esto pueda sonar condescendiente para con los varones, o falta de fuerza para enfrentar la violencia que el patriarcado conlleva. Mi perspectiva está muy lejos de ello. Por el contrario, lo que sugiero es que debemos adaptar nuestras estrategias a la realidad que vivimos, y ella nos suele mostrar que las mujeres poseen mayor facilidad para tomar consciencia de lo que se pierde con el orden hegemónico de género, mientras que a los varones –en general– este proceso resulta más difícil. Desde mi punto de vista, resulta necesario que ambos avancen en el mismo grado en el cuestionamiento del patriarcado, toda vez que sólo se le transformará si tanto varones como mujeres actúan: la acción de un solo género no basta.

Otro desafío resulta ser equilibrar lo experiencial, lo emocional, fundamental para la toma de consciencia, que implica un proceso más consumidor de tiempo durante las sesiones (como en el caso de ciertos juegos y dinámicas), con lo racional, “los contenidos” (v.gr. conceptos como patriarcado, género, las formas de la violencia en la pareja, etc.) que pueden tratarse en una sesión, más rápido, pero que no poseen la riqueza de la transformación personal, profunda. La respuesta obvia a esta cuestión es el equilibrio. Lo señalo, simplemente, porque en la práctica realizar esto no resulta tan simple.

Finalmente, al menos por una cuestión personal, considero que el hecho de que varones nos estemos implicando progresivamente en intervención en género resulta una experiencia interesantísima. Mostrar que la lucha contra el patriarcado no es sólo “cuestión de mujeres”, sino que de todas y todos, potenciará el trabajo en este sentido. La Red Entrelazando constituye una bella muestra de cómo mujeres y varones luchamos juntos por un objetivo.

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Invitación a seminario sobre violencia intrafamiliar

miércoles, 9 de noviembre de 2011
El Centro de la Mujer Pedro Aguirre Cerda, en el marco de la celebración del Mes de la No violencia contra la mujer, realizará el seminario Prevención y atención de violencia de género en las familias, a llevarse a cabo el día viernes 18 de Noviembre en la sala de consejo de la I. Municipalidad de P.A.C., Av. Salvador Allende 2029 (ex Salesiano). En dicha oportunidad invitados/as provenientes de diversos ámbitos de la intervención psicosocial expondrán acerca de estrategias de acción preventiva y reparatoria de la violencia de género en el contexto familiar; en lo particular, me corresponderá hablar acerca de las principales dificultades que l@s profesionales encontramos a la hora de intervenir con mujeres víctimas de violencia de pareja.

Esta actividad no tiene costo y se realizará entre las 09:00 y las 13:30 hrs., siendo certificada por la Municipalidad de P.A.C. y el Servicio Nacional de la Mujer. Este seminario promueve el involucramiento de los varones como agentes que favorezcan el respeto de los derechos femeninos; por lo mismo, forma parte de la Campaña del Lazo Blanco: Comprometiendo hombres con poner fin a la violencia hacia las mujeres.


El programa del seminario es el siguiente:

09:00 – 09:15
Inscripción
09:15 – 09:30
Presentación del seminario
09:30 – 10:45
Primera mesa “Intervención comunitaria en la prevención de la violencia hacia la mujer”. Moderador: Francisco Álvarez
·         Prevención de violencia de género con jóvenes
·         Plan nacional de prevención de VIF de Sernam.
·         Aspectos legales de la intervención profesional en VIF
10:45 – 11:00
Ronda de preguntas
11:00 – 11:15
Coffee break
11:15 – 12:45
Segunda mesa “Atención de víctimas de la violencia de pareja”.
Moderadora: Claudia Bustamante
·         Niños y niñas como testigos de la violencia de pareja
·         Obstáculos en la atención psicológica de mujeres víctimas de violencia.
·         Intervención con varones que ejercen violencia hacia su pareja.

12:45 – 13:00
Ronda de preguntas
13:00 – 13:30
Cierre y entrega de certificaciones


La ficha de inscripción debe enviarse a esta dirección de correo, y puede descargarse desde este link.
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Nueva publicidad sexista

jueves, 27 de octubre de 2011
El sexismo (o machismo, como quieran) en la publicidad es un tema bastante antiguo, y debo (en cierta forma) "agradecerles" a los creativos de dicha rama que nos proporcionen tantos ejemplos de patriarcado en los medios de comunicación, para poder construir nuestras presentaciones y talleres pro equidad de género. Es tan obvio lo que hacen, que denunciarlos es muy fácil... casi demasiado fácil.

Una muestra de lo anterior lo encontré el día martes, llegando al Terminal sur de buses de Santiago, en el que una paleta luminosa me sorprendió por lo burda... si alguien cree que esto no exuda desprecio por las mujeres, le invito a que revise sus creencias.

Campaña de Old Spice

Lo peor es que me dirigí al sitio de Old Spice (cuya dirección aparece en los mensajes publicitarios, pero que en esta foto no alcanzó a aparecer), para "regocijarme" viendo rampante violencia simbólica, pero me vi sorprendido al encontrar el sitio en construcción. Mi especialidad es violencia de género y no marketing, pero creo que no es necesario hacer trabajar mucho las neuronas para darse cuenta de que uno no puede iniciar una campaña de marketing, invitar a visitar un sitio y encontrarlo en este estado.



Ojalá la empresa recapacite y abandone esta campaña que invita a los varones a despreciar a las mujeres y rechazar cualquier forma de "femineidad" (suavidad, vulnerabilidad, etc.) en sí mismos.


Actualización:


La empresa Old Spice no ha actualizado la página, sin embargo, sí comenzó una campaña radial ("Huele a hombre") con el mismo mensaje sexista.

Explorando en Internet, descubrí que esta campaña es del año pasado y tuvo bastante éxito en otros países. En el siguiente link pueden encontrar un análisis, desde el punto de vista del marketing, destacando lo bien pensado, pero también un ejemplo de lo que pasa cuando se piensa SIN enfoque de género.
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Derechos sexuales y reproductivos femeninos

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Fue el jueves de la semana pasada. Iniciaba un nuevo grupo de apoyo en el Centro de la Mujer. Como en toda sesión, me apresté a hervir el agua, colocar las galletas y la fruta en sus respectivos platos, preparar las tazas y las cucharas.

Una vez que llegaron y las saludé, procedí a servir todo para que pudiéramos disfrutar de una pequeña comida durante esas horas en las que estaríamos reunidos/as. De pronto, una de ellas, M., se cubrió la cara con las manos. La miramos, sorprendidos/as, y comentó: "Ud. es muy lindo. Ésta es la primera vez que un hombre me sirve".

Fue el primer gesto de esa reunión, se creó un ambiente particular y cómodo con inusual rapidez.

Realicé la aclaración inicial de expectativas y temas que iríamos trabajando a lo largo de las semanas, para pasar a tratar el tema de las relaciones de dependencia, tal como lo indicaba la planificación. Sin embargo, al poco andar M. necesitaba mencionar las diferentes formas de violencia que, se percataba, había estado vivenciando. Comentaba que pertenecía a un grupo musical y que en este tipo de grupos las situaciones de acoso sexual a las mujeres ocurrían frecuentemente... a ello se unieron las demás participantes, agregando otras formas de discriminación y agresión sexual de las que habían sido objeto. Como suele ser frecuente, los "agarrones" en el metro salieron rápidamente a la luz.

En ese momento, se me ocurrió que, ademas de trabajar esta visibilizacion de las formas de violencia, podíamos ir un poco más allá, hablando acerca de derechos sexuales y reproductivos femeninos. Mencioné el tema para proponérselas, y con sólo decir "derechos sexuales" me miraron con cara de que no habían escuchado eso en su vida. Lamentablemente, un hecho usual.

Comenzamos a discutir cuáles derechos tendrían las mujeres respecto de su cuerpo y lo que más salió fue (como resultaba esperable) tener relaciones sexuales y concebor cuando ellas quisieran, no sólo cuando sus (ex) parejas lo requerían. En mi experiencia evaluando mujeres víctimas de violencia (a esta altura, ya cientos), la violencia sexual está tremendamente presente. Y no lo digo sólo por las parejas por las cuales llegan al  Centro, sino también por familiares y conocidos (tíos, abuelos, padrastros, vecinos) que durante su infancia y juventud las violentaron de diversas maneras. Debo reconocer que, en este tema, ya nada me sorprende.

Pero me interesaba que no sólo discutiéramos lo que pasaba meramente "en la cama", sino también de la puerta para afuera. Y así fue que conversamos acerca de la responsabilidad que los servicios de salud tienen con los cuerpos de las mujeres, de respetar sus necesidades y proyectos de vida. Ahí fueron emergiendo relatos de malos tratos ejercidos por enfermeras o médicos/as. Todo lo plasmamos en el papelógrafo cuya foto está más arriba.

Para cerrar (el tiempo se había ido volando) mencioné el derecho inalienable de cada mujer de experimentar su sexualidad sin presiones, de la manera que ella quisiera y que la culpa era el gran obstáculo que el patriarcado instala en las mentes de las mujeres. Luego de expresar que estaban todas plenamente de acuerdo, M. dijo que era la primera vez en su vida (ya pasó los 50 años) que conversaba de estos temas con un varón, y que se sentía aliviada con ello. Las demás asintieron.

Al retirarse, me quedé pensando cuán importante es, particularmente para las mujeres víctimas de violencia de género, que existan varones que muestren, de modo concreto, que es posible establecer relaciones de equidad y respeto. Me sentí tremendamente agradecido de la posibilidad de poder aportar en este sentido. Asimismo, cuando hace un par de días tuve un encuentro con colegas de Curicó hasta Santiago en una capacitación dada por Sernam, me alegré de poder ver más psicólogos varones trabajando en los Centros de la Mujer, entre ellos mi antiguo compañero de carrera, Víctor Hugo Garrido. Poco a poco avanzamos en este sentido.
 

Fono para informar/se sobre violencia contra la mujer

lunes, 28 de marzo de 2011


Además de mencionar la aparición de la campaña "Maricón, el que maltrata a una mujer", el objetivo de este post es resaltar que el Sernam ha lanzado un número de teléfono para informar y prestar ayuda sobre violencia contra la mujer, disponible las 24 horas del día.

¡A informarse e informar a otros/as!
 

El machismo (im)perceptible

viernes, 18 de marzo de 2011
Cuando hablamos de violencia contra las mujeres, es muy fácil mencionar los golpes, gritos y empujones, en el contexto de la pareja. Pero éstas son sólo las formas más típicas o, mejor dicho, a las que nos tienen acostumbrados a concebir como violencia... la socialización patriarcal de género también resulta una forma de violencia (tema al cual aludía Judith Butler, al menos desde otra perspectiva, cuando hablaba de la performatividad), al inculcar un modelo patriarcal de ser varón o mujer.

Ello implica no sólo mostrar "lo bueno" (i.e. machista), sino también castigar cualquier forma en que la persona intenta alejarse de los modelos hegemónicos de masculinidad o femineidad (es cosa de acordarse de lo que ocurre cuando un varón quiere involucrarse activamente en lo doméstico: los motes de "mandoneado", "macabeo", etc. le llegan rápido, por parte no sólo de varones).



Visibilizar esta pedagogía patriarcal fue mi objetivo, al participar en el programa "Entre amigas y amigos" de radio Primero de mayo, de la población La Victoria, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, como representante del Centro de la Mujer P.A.C. Lamentablemente, tuvimos problemas para grabar toda la sesión, por lo que pude rescatar una parte (con una perspectiva que no es la mejor, hay que decirlo), la que dejo a continuación:





Les invitamos a comentar: ¿Es para tanto? ¿Qué otras formas de socialización machista que ocurran en la vida cotidiana es importante visualizar, y que a los/as demás les pase desapercibido?
  

Trabajando con y para mujeres

martes, 29 de junio de 2010
Desde abril de este año me encuentro laborando en el Centro de la mujer de Pedro Aguirre Cerda, un programa del Servicio Nacional de la Mujer ejecutado por la municipalidad de P.A.C.

Este trabajo tiene bastante particularidades. Como programa estatal ejecutado localmente, me encuentro con una doble dependencia (del gobierno central y del comunal), así como me corresponde ser la cara visible de las entelequias "municipio" y "gobierno", soy a quienes agradecen (o reclaman) cuando las políticas que apuntan a generar mayor equidad de género entre varones y mujeres funcionan (o no).

Pero el motivo de este post va más allá de ello. Tengo el raro privilegio de ser un psicólogo varón trabajando por detener la violencia desde la "primera línea", en un espacio típicamente femenino. Como es lo tradicional en estos casos, la coordinadora del centro, la abogada y las monitoras son todas mujeres (aunque, justo es decirlo, hay un estudiante en práctica de derecho que es varón también), lo que me coloca en una situación en donde mi masculinidad se coloca en una tensión muy interesante.

Interesante porque las mujeres que acuden al centro buscan detener la tremenda violencia que sufren de parte de varones. Y se encuentran con que, quien las va a apoyar en su proceso de liberación personal, de reflexión y cambio en su psicoterapia, es del mismo sexo que su victimario.

Cuando entré al centro me preguntaba cuánto rechazo podría generar ya no encontrar a "la psicóloga" (como se suponía que sería en cualquier centro de Sernam) sino "el psicólogo". Y me encontré con que la recepción era mucho mejor de lo que esperaba. Motivo más que suficiente para alegrarme.

Pero ello no basta. Los estudios de género, gracias al tremendo aporte que el movimiento feminista ha realizado, han mostrado cómo las mujeres han aprendido a mirarse desde la perspectiva masculina. Por tanto, reproducir esta relación patriarcal no es tan difícil. Sé, por tanto, que sólo la autocrítica constante me impedirá caer en el juego de "varón que le muestra a las mujeres cómo ser mujer libre", que el peligro está latente, porque la socialización patriarcal es pesada, antigua y sutil, y su reproducción es muy fácil de llevar a cabo.

Por mucho que intencione y proponga a mis usuarias un camino de liberación, es imprescindible que ellas hagan emerger su propia voz, fruto de un diálogo entre mujeres. En este sentido, las actividades grupales me parecen una instancia irreemplazable, en la cual con la otra facilitadora vamos tejiendo nuevas relaciones sesión a sesión, guiándonos por los avances que se han sistematizado respecto de cómo parar este flagelo.

Y, en este sentido, también actuamos socialmente, en escuelas, jardines infantiles y redes comuntarias de P.A.C. y San Miguel, en donde me corresponde encontrarme con mujeres que se empoderan progresivamente, así como varones consciencias de la necesidad de que, quienes hemos disfrutado tradicionalmente de los beneficios del patriarcado, nos unamos a la lucha por la equidad. Su retroalimentación, así como la que recibo de quienes pertenecen a la Red MenEngage, me resulta fundamental para seguir avanzando en un mundo más justo para las mujeres y niñas de Chile y, por extensión, también para los varones.

"Yo no puedo ser libre,
sólo nosotros podemos ser libres"
(Anónimo)

Material de trabajo con Juntas de vecinos

viernes, 19 de febrero de 2010
Ésta es la última entrega de materiales para desarrollar talleres de prevención de violencia contra la mujer, con juntas de vecinos. Con ellas se profundiza en la fijación de límites y la crianza de hijos/as con equidad de género, mientras que con el personal de establecimientos educacionales se enfatizan las prácticas pedagógicas (al interior del aula, la fijación de normas de convivencia y la relación con apoderadas/os) y con adolescentes se trabaja el tema del pololeo sin violencia.

Debido a la naturaleza de la labor que se suele realizar con estas organizaciones, a diferencia de los posts anteriores, no coloco presentaciones de power point, porque muchas veces no pueden ser usados.

Para descargar:

Los varones y la violencia: el femicidio

miércoles, 15 de octubre de 2008

Fuente: Flickr


Cada día la sociedad chilena se vuelve más sensible a las distintas forma de violencia que ocurren en Chile. Hoy se habla con frecuencia de una nueva modalidad: el femicidio.

El femicidio se define como la muerte de una mujer por el solo hecho de serlo. Tradicionalmente se le llamaba a esto "homicidio pasional", pero el tema no es tan simple: no es sólo "pasión" lo que empujaba a tan tremendo acto, sino la creencia de que las mujeres son propiedad de los varones, que ellos tienen el derecho de controlar sus salidas, la forma en que se visten, con quiénes se juntan, etc... y no hablamos sólo de la pareja que se tiene. Quien comete femicidio trata de imponer su control incluso en quien ya no desea ser su polola/esposa/etc., aunque ya no viva con él.

Los femicidas, por lo tanto, son fundamentalmente varones machistas. No tienen rasgos particulares que los distingan en su manera de hablar, de caminar, sino que su forma de ver las relaciones de pareja: control, dominio, "que una mujer es de su hombre", ésa es la idea que los guía.

La antesala de todo femicidio es la violencia de pareja: tanto la física como la psicológica. Las agresiones van en escalada, partiendo por discusiones menores hasta transformarse en grandes peleas, con golpes, portazos, humillaciones en público, etc.

Las sociedad en general, y los varones en particular, no podemos ser neutrales ante estos hechos. Como ciudadanos debemos manifestarnos contra toda forma de agresión, venga de donde venga. Los profesionales tenemos una labor importante que cumplir. Los/as psicólogos/as dedicados a los temas de familia y violencia hemos desarrollado, progresivamente, herramientas de terapia que pueden conseguir frenar el machismo antes de que llegue a estos extremos, lo que requiere abordajes tanto terapéuticos como a través de las redes sociales.

La solución, por lo tanto, pasa por una adecuada coordinación entre los profesionales de la salud mental, las redes de apoyo contra la violencia, los distintos sectores del Estado involucrados en el tema (Sernam, Ministerio de Salud, los programas de Seguridad Ciudadana, municipalidades) y la propia sociedad civil, cada varón y cada mujer, que desea que este país sea un entorno saludable y beneficioso para todos y todas.


En este sentido, resulta estimulante saber que diversas instancias de la sociedad, entre ellas los medios de comunicación, se están sensibilizando cada vez más acerca del tema. En este sentido, fui invitado a participar en el programa "Cocinados" de Telecanal, para discutir sobre el tema. La conversación con Carolina Correa y los telespectadores resultó muy interesante.


¿Hombres, mujeres? Seres humanos

lunes, 21 de julio de 2008
Fuente: Flickr

Hace algunos años, algunas personas pertenecientes a las llamadas disidencias sexuales (o sea, que no se ajustan a los modelos tradicionales de masculinidad o femineidad) comenzaron a cuestionar la visión de que existían hombres y mujeres. Esta idea, que a primera vista puede parecer muy loca, extraña o profundamente equivocada, posee un fundamento muy interesante: me refiero a la teoría queer.

Sin profundizar mucho sobre el tema, la teoría queer plantea que hablar de "hombres" y "mujeres", más que referirse a seres que existen objetivamente en el mundo, implica seguir un modelo patriarcal de género. En otras palabras, "hombre" y "mujer" son conceptos que sirven de base para hablar de "masculino" y "femenino"... y aquí reside la trampa.

En posts anteriores me he referido a que los seres humanos hemos vivido entrampados por siglos en prácticas restrictivas, injustas. El patriarcado, el "machismo", se basa en una división excluyente de roles: quienes nacen con senos y vagina deben dedicarse a lo doméstico, ser cariñosas, maternales, etc., mientras que quienes nacen con un pene y testículos deben dedicarse fundamentalmente a lo laboral, ser fuertes, dominantes, etc. Son formas de ser "femeninas" y "masculinas", respectivamente.

Pero esto es una construcción social, no algo natural. El cuerpo no manda que "ellas" puedan sentir más ternura que "ellos", las emociones humanas no son "femeninas" ni "masculinas", sino humanas. Todos tenemos la misma capacidad, en principio, de experimentar toda la gama de emociones posibles, los mismos gustos (por cuidar de los demás, tener éxito en el empleo, etc.): lo que explica que unas y otros tengan comportamientos distintos no es un "alma" distinta, sino una enseñanza diferenciada que ejerce la sociedad.

Esta pedagogía patriarcal del género se basa en la creencia de que existe lo masculino y lo femenino. Si dejamos de pensar (y actuar) en que existe algo "apropiado" para varones y mujeres, podremos desarrollarnos con libertad y equidad. Eso es lo que se necesita para cambiar las injusticias y el dolor que el machismo ha provocado en nuestras vidas.

Quienes trabajan desde el enfoque queer, de hecho, resaltan siempre que, en lo que respecta al género, resulta imprescindible reconocernos como seres cambiantes, libres, no atados a lo que tradicionalmente se espera de uno/a por tener un cuerpo determinado. Parafraseando a Sigmund Freud, el famoso psicoanalista, el cuerpo no determina el destino. Si es que los varones vivimos mucho menos que las mujeres, por ejemplo, no es porque venga en nuestros genes, sino simplemente porque llevamos una forma de vida más peligrosa: es cosa de ver a quienes se les permite (y fomenta) que tomen más riesgos al volante, consuman más alcohol y drogas, desempeñen los trabajos más peligrosos... ¿es porque el cuerpo "masculino" es más fuerte? No: es porque se supone que tenemos la capacidad de resistir más, y si nos morimos en el camino, no importa. Peor sería parecer "afeminados".

Hay que "deconstruir", desarmar, el modo en que hemos sido construidos varones y mujeres, la forma en que nos han enseñado a pensar y actuar. Liberarnos de las ataduras tradicionales nos permitirá vivir no de acuerdo a lo que "se debe hacer", sino a lo que nuestro ser nos invita: experimentar toda la riqueza de la vida: enojo, pasión, ternura, vulnerabilidad, compasión, etc. Todo un mundo por descubrir.

Padres separados de sus hijos: el Síndrome de Alienación Parental

sábado, 7 de junio de 2008
Ya hemos planteado en este blog que los varones muchas veces no asumen como debieran sus obligaciones como padres. Una serie de factores se confabulan para ello.

Lamentablemente, en algunas ocasiones el alejamiento del(a) hijo(a) no proviene de la iniciativa del padre. Por el contrario, viene del hecho que quien cuida al niño(a) -muchas veces las madres- son quienes no quieren que la relación padre-hijo se dé con la frecuencia, intensidad y amor que debiera. Es más, ocurre una sistemática intención de romper dicho vínculo, que el padre simplemente desaparezca. Es lo que se denomina
Síndrome de Alienación Parental (SAP). Obviamente, la gran mayoría de las madres no realiza esto, por el contrario, muchas se ven aquejadas por la dificultad para que los padres se involucren en la crianza de los niños y niñas. Pero este caso es diferente.

Podemos considerar
el SAP como la "programación" de un(a) hijo para que rechace a uno de sus padres, que generalmente es el que vive sin ellos, sin que tenga una justificación. O sea, se le dice al niño (y al resto del mundo) que el padre es violento, negligente, abusivo, etc. cuando en realidad no lo es.

Este problema fue descrito por primera vez por el académico estadounidense Richard Gardner, quien, a partir del libro The Parental Alienation Syndrome (1992) y otras investigaciones, muestra que este fenómeno permanece invisible en nuestra sociedad y genera tremendas consecuencias: un(s) niño(a) ansioso o depresivo, que termina odiando a su padre, y un padre angustiado por tratar de dar su amor y cariño a quien dio la vida, pero que se ve impedido de hacerlo por una increíbla cadena de obstáculos. Recientemente el Colegio Oficial de Psicólogos de España (COP) ha reconocido la existencia de este fenómeno.

El progenitor alienador puede realizar una variedad de conductas para obstaculizar el vínculo, entre las cuales podemos encontrar:

  • Rehusar pasar las llamadas telefónicas a los hijos.
  • Organizar varias actividades con los hijos durante el período que el otro progenitor debe normalmente ejercer su derecho de visita.
  • Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como su nueva madre o su nuevo padre.
  • Interceptar el correo y los paquetes mandados a los hijos.
  • Desvalorizar e insultar al otro progenitor delante los hijos.
  • Rehusar informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos.
  • Impedir al otro progenitor el ejercer su derecho de visita.
  • "Olvidarse" de avisar al otro progenitor de citas importantes.
  • Cambiar (o intentar de cambiar) sus apellidos o sus nombres.
  • Impedir al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de los hijos.
  • Irse de vacaciones sin los hijos y dejarlos con otra persona, aunque el otro progenitor esté disponible y voluntario para ocuparse de ellos.
  • Contar a los hijos que la ropa o regalos que el otro progenitor les ha comprado, son feos, y prohibirles usarlo.
  • Amenazar con castigo a los hijos si se atreven a llamarle, escribirle o contactar con el otro progenitor.
Este fenómeno suele ocurrir (aunque no exclusivamente) gatillado por conflictos judiciales. El grupo juvenil Kudai lanzó hace poco un tema ("Tú") alusivo a este fenómeno, el cual ilustra claramente lo que le sucede a un padre en estas circunstancias.


Este video también puede ser visualizado acá.

Este problema, que afecta más fuertemente de lo que uno cree a simple vista, requiere un trabajo con perspectiva de género, por cuanto, como hemos dicho en ocasiones anteriores, el vínculo padre-hijo ya está demasiado debilitado en nuestra sociedad. En posts siguientes profundizaremos en los diversos aspectos que el Síndrome de Alienación Parental posee.

¿Porqué hablar sobre los varones?

viernes, 16 de mayo de 2008
Vivimos en una sociedad que se está cuestionando progresivamente cómo son las relaciones entre varones y mujeres. Este cuestionamiento ha venido fundamentalmente desde las mujeres, cansadas de ver cómo subsisten en nuestro país y el mundo distintas e intolerables formas de discriminación a nivel económico, político, cultural, religioso, etc.

El impulso principal a este fenómeno lo ha dado el movimiento feminista, el cual, durante más de 150 años, ha visibilizado éstas y otras formas de violencia que aquejan a nuestra sociedad. Femicidio, discriminación laboral, violencia intrafamiliar, son sólo algunas de las muestras de un orden que tiene que cambiar.

¿Y qué rol juegan los varones en esto? Por un lado, hemos sido los principales beneficiarios de la injusticia que este sistema, llamado patriarcado (y que en América latina conocemos como machismo), otorga a quienes nacieron con cuerpo de hombre. Ganamos más dinero, tenemos más libertad para salir a la calle, ocupamos más puestos de poder en la política y las empresas. Y no es por casualidad.

Pero, al mismo tiempo, decir que los varones son "victimarios" de este esquema resulta muy restringido. También morimos antes, tenemos una vida más restringida emocionalmente, nos enfermamos por la competencia, estamos más alejados de nuestros hijos e hijas. Un saldo nada positivo.

Y eso para quienes se amoldan más a los modelos hegemónicos (machistas) de ser varón. Porque los hombres que son vistos como relativamente "femeninos" van a sufrir la violencia física y psicológica del resto de la sociedad. No me refiero sólo a las "minorías" sexuales, sino también a lo que nos pasa si es que queremos pasar más tiempo en la casa (y menos en el trabajo), cultivar un arte, cuidar a los niños y niñas... el apelativo de "mandoneado", "macabeo" o "maricón" salta fácilmente en la mente y la palabra de muchas personas aún, varones y mujeres.

Es por eso que los varones debemos actuar para transformar este orden social injusto, violento, discriminatorio. Para que los derechos de todas y todos sean siempre respetados, para que una democracia completa (una "democracia radical", como señala Chantal Mouffe) se haga realidad en nuestra sociedad.

Es una tarea difícil. Compleja, algo que hay que llevar a la pareja, la escuela, el trabajo, las reuniones de amigos. Una tarea sin fin. Pero necesaria y, por sobre todo, bella.

Alguien dijo una vez que "no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos". En este mundo somos todos uno/a.