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Derechos sexuales y reproductivos femeninos
Fue el jueves de la semana pasada. Iniciaba un nuevo grupo de apoyo en el Centro de la Mujer. Como en toda sesión, me apresté a hervir el agua, colocar las galletas y la fruta en sus respectivos platos, preparar las tazas y las cucharas.
Una vez que llegaron y las saludé, procedí a servir todo para que pudiéramos disfrutar de una pequeña comida durante esas horas en las que estaríamos reunidos/as. De pronto, una de ellas, M., se cubrió la cara con las manos. La miramos, sorprendidos/as, y comentó: "Ud. es muy lindo. Ésta es la primera vez que un hombre me sirve".
Fue el primer gesto de esa reunión, se creó un ambiente particular y cómodo con inusual rapidez.
Realicé la aclaración inicial de expectativas y temas que iríamos trabajando a lo largo de las semanas, para pasar a tratar el tema de las relaciones de dependencia, tal como lo indicaba la planificación. Sin embargo, al poco andar M. necesitaba mencionar las diferentes formas de violencia que, se percataba, había estado vivenciando. Comentaba que pertenecía a un grupo musical y que en este tipo de grupos las situaciones de acoso sexual a las mujeres ocurrían frecuentemente... a ello se unieron las demás participantes, agregando otras formas de discriminación y agresión sexual de las que habían sido objeto. Como suele ser frecuente, los "agarrones" en el metro salieron rápidamente a la luz.
En ese momento, se me ocurrió que, ademas de trabajar esta visibilizacion de las formas de violencia, podíamos ir un poco más allá, hablando acerca de derechos sexuales y reproductivos femeninos. Mencioné el tema para proponérselas, y con sólo decir "derechos sexuales" me miraron con cara de que no habían escuchado eso en su vida. Lamentablemente, un hecho usual.
Comenzamos a discutir cuáles derechos tendrían las mujeres respecto de su cuerpo y lo que más salió fue (como resultaba esperable) tener relaciones sexuales y concebor cuando ellas quisieran, no sólo cuando sus (ex) parejas lo requerían. En mi experiencia evaluando mujeres víctimas de violencia (a esta altura, ya cientos), la violencia sexual está tremendamente presente. Y no lo digo sólo por las parejas por las cuales llegan al Centro, sino también por familiares y conocidos (tíos, abuelos, padrastros, vecinos) que durante su infancia y juventud las violentaron de diversas maneras. Debo reconocer que, en este tema, ya nada me sorprende.
Pero me interesaba que no sólo discutiéramos lo que pasaba meramente "en la cama", sino también de la puerta para afuera. Y así fue que conversamos acerca de la responsabilidad que los servicios de salud tienen con los cuerpos de las mujeres, de respetar sus necesidades y proyectos de vida. Ahí fueron emergiendo relatos de malos tratos ejercidos por enfermeras o médicos/as. Todo lo plasmamos en el papelógrafo cuya foto está más arriba.
Para cerrar (el tiempo se había ido volando) mencioné el derecho inalienable de cada mujer de experimentar su sexualidad sin presiones, de la manera que ella quisiera y que la culpa era el gran obstáculo que el patriarcado instala en las mentes de las mujeres. Luego de expresar que estaban todas plenamente de acuerdo, M. dijo que era la primera vez en su vida (ya pasó los 50 años) que conversaba de estos temas con un varón, y que se sentía aliviada con ello. Las demás asintieron.
Al retirarse, me quedé pensando cuán importante es, particularmente para las mujeres víctimas de violencia de género, que existan varones que muestren, de modo concreto, que es posible establecer relaciones de equidad y respeto. Me sentí tremendamente agradecido de la posibilidad de poder aportar en este sentido. Asimismo, cuando hace un par de días tuve un encuentro con colegas de Curicó hasta Santiago en una capacitación dada por Sernam, me alegré de poder ver más psicólogos varones trabajando en los Centros de la Mujer, entre ellos mi antiguo compañero de carrera, Víctor Hugo Garrido. Poco a poco avanzamos en este sentido.
¿Hombres, mujeres? Seres humanos
Hace algunos años, algunas personas pertenecientes a las llamadas disidencias sexuales (o sea, que no se ajustan a los modelos tradicionales de masculinidad o femineidad) comenzaron a cuestionar la visión de que existían hombres y mujeres. Esta idea, que a primera vista puede parecer muy loca, extraña o profundamente equivocada, posee un fundamento muy interesante: me refiero a la teoría queer.
Sin profundizar mucho sobre el tema, la teoría queer plantea que hablar de "hombres" y "mujeres", más que referirse a seres que existen objetivamente en el mundo, implica seguir un modelo patriarcal de género. En otras palabras, "hombre" y "mujer" son conceptos que sirven de base para hablar de "masculino" y "femenino"... y aquí reside la trampa.
En posts anteriores me he referido a que los seres humanos hemos vivido entrampados por siglos en prácticas restrictivas, injustas. El patriarcado, el "machismo", se basa en una división excluyente de roles: quienes nacen con senos y vagina deben dedicarse a lo doméstico, ser cariñosas, maternales, etc., mientras que quienes nacen con un pene y testículos deben dedicarse fundamentalmente a lo laboral, ser fuertes, dominantes, etc. Son formas de ser "femeninas" y "masculinas", respectivamente.
Pero esto es una construcción social, no algo natural. El cuerpo no manda que "ellas" puedan sentir más ternura que "ellos", las emociones humanas no son "femeninas" ni "masculinas", sino humanas. Todos tenemos la misma capacidad, en principio, de experimentar toda la gama de emociones posibles, los mismos gustos (por cuidar de los demás, tener éxito en el empleo, etc.): lo que explica que unas y otros tengan comportamientos distintos no es un "alma" distinta, sino una enseñanza diferenciada que ejerce la sociedad.
Esta pedagogía patriarcal del género se basa en la creencia de que existe lo masculino y lo femenino. Si dejamos de pensar (y actuar) en que existe algo "apropiado" para varones y mujeres, podremos desarrollarnos con libertad y equidad. Eso es lo que se necesita para cambiar las injusticias y el dolor que el machismo ha provocado en nuestras vidas.
Quienes trabajan desde el enfoque queer, de hecho, resaltan siempre que, en lo que respecta al género, resulta imprescindible reconocernos como seres cambiantes, libres, no atados a lo que tradicionalmente se espera de uno/a por tener un cuerpo determinado. Parafraseando a Sigmund Freud, el famoso psicoanalista, el cuerpo no determina el destino. Si es que los varones vivimos mucho menos que las mujeres, por ejemplo, no es porque venga en nuestros genes, sino simplemente porque llevamos una forma de vida más peligrosa: es cosa de ver a quienes se les permite (y fomenta) que tomen más riesgos al volante, consuman más alcohol y drogas, desempeñen los trabajos más peligrosos... ¿es porque el cuerpo "masculino" es más fuerte? No: es porque se supone que tenemos la capacidad de resistir más, y si nos morimos en el camino, no importa. Peor sería parecer "afeminados".
Hay que "deconstruir", desarmar, el modo en que hemos sido construidos varones y mujeres, la forma en que nos han enseñado a pensar y actuar. Liberarnos de las ataduras tradicionales nos permitirá vivir no de acuerdo a lo que "se debe hacer", sino a lo que nuestro ser nos invita: experimentar toda la riqueza de la vida: enojo, pasión, ternura, vulnerabilidad, compasión, etc. Todo un mundo por descubrir.
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Datos personales
- Francisco Álvarez B.
- Soy un profesional dedicado a la investigación e intervención en temas psicosociales y género: psicoterapia, educación, violencia, políticas públicas hacia la familia, y especialmente sobre cómo incorporar a los varones en el logro de una sociedad con mayor equidad y respeto a la diferencia. Uno de los primeros varones en obtener un Magíster en género en Sudamérica
Sitios recomendados
- ConductaSaludable
- Servicio Nacional de la Mujer
- Municipalidad de Pedro Aguirre Cerda
- EME - Masculinidades y equidad de género
- Red entrelazando
- Kolectivo Poroto
- Centro de la mujer Sernam P.A.C.
- Campaña Lazo blanco Chile
- Men stopping violence
- The Duluth model Minnesota program development
- Red chilena contra la violencia doméstica y sexual
- Atilio Macchiavello
- ONU Mujeres
- Programa de masculinidades - Centro Las Casas
- Plataforma por permisos iguales e intransferibles de nacimiento y adopción
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